En los últimos
años, he tenido que preparar para el Bautismo a algunas personas adultas -profesoras de chino en Madrid- que,
después de recibir un «toque» extraordinario de la gracia de Dios, deseaban
conocer a Jesucristo para establecer una relación personal con Él y entrar en
la Iglesia católica.
La mayoría de estas personas no sabían nada de
Jesús. Durante un tiempo estuve buscando algún libro que pudiera servirles, a
ellas y a mí, como guía, durante el período de formación previa al Bautismo.
Encontré muchos libros y muy buenos sobre Jesús y sobre la fe católica, pero
todos ellos daban por supuesto las nociones más elementales, precisamente las
que esas personas necesitaban adquirir en primer lugar.
A la primera
mujer que vino a pedirme ayuda para recibir el Bautismo empecé a hablarle de
Jesús de Nazaret, la Persona que constituye el núcleo de nuestra fe. Enseguida
me di cuenta de que ella no podía entender lo que le decía, pues no conocía
nada sobre la historia de Israel, el pueblo elegido por Dios para darse a
conocer y entrar en nuestro mundo. Pero incluso para situar la historia de
Israel al alcance de aquella mujer, proveniente de un país lejano, tenía que
buscar primero ese terreno común constituido por las inquietudes que
compartimos todos los seres humanos. De ahí salieron las dos primeras partes
del libro, indispensables para poder presentar a Jesús de Nazaret.

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