lunes, 24 de octubre de 2016

LAS GRANDES PREGUNTAS



             A todos los hombres y mujeres, antes o después, nos vienen a la cabeza las “grandes preguntas”: ¿Quién ha hecho el universo: las estrellas, el sol, los planetas, la tierra, la luna? Y en la tierra, ¿quién ha hecho el mar, las plantas, las fuentes, los pájaros, los peces, los animales? ¿Quién me ha dado la vida, tan distinta de la que tienen los animales y las plantas? ¿Por qué puedo pensar y amar, y decidir qué hacer? ¿Quién me ha enseñado a distinguir lo que está bien y lo que está mal? ¿Cuál es la causa del mal y del dolor? ¿Quién ha puesto dentro de mí el ansia de ser feliz y de vivir siempre? ¿De dónde han salido las primeras personas humanas? ¿Qué va a pasar cuando muera: se acaba todo aquí… o hay otra vida después de la muerte?

Las religiones naturales de los pueblos primitivos surgen de la necesidad de encontrar alguna respuesta a esas grandes preguntas. Generalmente esas religiones naturales recogen leyendas antiguas que explican el origen del mundo y de los hombres. Esos relatos cuentan que existen unos dioses en el mundo o fuera de él, de los que salieron todas las cosas que vemos. Pero los hombres no solo estamos interesados en conocer nuestro pasado sino también nuestro futuro. Prácticamente todas las religiones naturales tienen ceremonias para los muertos que demuestran que creían en una vida después de la muerte, y establecen unas maneras propias de tener contentos a sus dioses, ofreciéndoles lo más valioso que poseen, como ganado o frutos del campo o incluso niños. Con estas prácticas, que se llaman “sacrificios”, tratan de evitar los fenómenos naturales que les hacen daño, como terremotos, tormentas que destruyen las cosechas, plagas, enfermedades, etc., porque piensan que proceden del enfado de los dioses con ellos. A veces esos dioses son elementos de la misma naturaleza, como el sol, la luna, los truenos, etc. Otras veces son personajes inmortales que viven en otro mundo y sus historias son explicaciones de las virtudes y de los vicios de los hombres. 


La religión cristiana –que toma su nombre de Jesucristo– se distingue de esas religiones naturales porque su origen no está en los hombres, sino en el único Dios, que desea darse a conocer para que todas las personas puedan encontrar una respuesta verdadera a las grandes preguntas.

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